VIDAS QUE SE APAGARON EN LA JUVENTUD

«Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos
para seguir sin temor por el sendero,
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos».

José Saramago

¿Se puede medir o cuantificar el dolor causado por la pérdida de un amigo cercano o un familiar? ¿Cuántas lágrimas? ¿Se puede llorar un mar de lágrimas?
El volumen medio de una lágrima humana es de alrededor de 6,2 microlitros. Durante y después de nuestra estadía en Cuba, hemos vertido miles de mililitros de lágrimas, a causa de la muerte prematura de algunos compatriotas y amigos.
La muerte de nuestros seres queridos nos causa un dolor especialmente profundo. Podemos entender la pérdida, como una parte natural de la vida, pero, aún así, nos pueden embargar la tristeza y la confusión, especialmente si la muerte es de una persona joven, pues altera el orden natural de sucesión entre generaciones. Pasan los días fugaces, los meses y los años, el tiempo no se detiene, pero las “ausencias se hacen presentes” y así, en pequeñas tertulias, entre amigos alrededor de un té, casi siempre salta en la conversación el recuerdo de aquellos muchachos cuyas vidas se habían truncado a edades muy tempranas en Cuba, y en otros lugares. Nos invade una honda tristeza, nos encoge el corazón cuando una vida joven se apaga prematuramente.
Hace ya más de un siglo que el poeta nicaragüense Rubén Darío retrató la etapa de la juventud en su poema Canción de otoño en primavera:
«Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…»

Y con solo un par de versos plasmaba un sentimiento, quizás universal, de anhelo para esta etapa de la vida. Hoy, después de muchos años mi memoria me invita a rendir un homenaje póstumo a aquellos muchachos y muchachas, junto a quienes habíamos compartido gratos recuerdos en la niñez. Tirando de la hemeroteca y recopilando datos e información de amigos, colegas y conocidos, he podido rescatar y actualizar una lista de los jóvenes y adultos Saharauis cuyas vidas se habían apagado prematuramente en tierras lejanas:
AZIZA ALI DEID HAIMUDA, HASSAN ABDALAHE BACHIR RADA.A, AHMED HERMA CHEJ, ARBI WALIA CHEJ, MOHAMED SALEM MOHAMED, DAHA ALI BRAHIM, EHMEDNAH ABDAL.LA, SALAMA MOHAMED LAMIN, ALYEN MOHAMED ALI ALYEN, EL GAUZ SEYED AUEMIR, SALACU ABNU ABDALA, MULAY MOHAMED MEHDI, ARAFAT MOHAMED, BEITUHA EMBAREK MAICHAN, RACHID SALEK BABIH, DAHA SIDAHMED ALI, SALAMBUHA ABDALAHI ELMEHDI, EZMAN ALI CHIA.A, JATRI LABAT NAFA.A, ABA.A MOHAMED LAMIN HASSAN, HAMMAD MOHAMED HERBAL, JALIL MOHAMED HERBAL, AHMED HIYA MULAY ALI, EL HADRA ABDERRAHMAN, MOHAMED SALEM BALALI, ELFALAG MUSA LEBSIR, ALI LABAT, ELFILALI SAID FADI, ARAHMANI SID ALMUSTAFA, SID ALFAFAD ESLAMA EL BACHIR, HAIMUDA HERMA, AMATU BAL.LA MACHNAN, LWALI AHMAD, JALIHNA WIT, LEMGAIFRI BALALI, MAHMUD LEM.MADA EFDELI, MAHFUD ATIT, MUFID SALAMA, SLEIMAN RAMDAN NESS, MOULUD EL MEKI, LULO AHMED EL ARBI, MED EMBAREK BUBACAR BRAHIM AHMED, FADILI YESLEM, LAROSI CHEJ BUYA, RAGUEB BAHIA, SAFIA DADI MOHAMED HUSSEIN, MOHAMED SALEH MOHAMED SIDI ALAL, NANA.A MAHMUD, SIDNA ABA.AD, CHUEIB MAHMUD, LIMAM EL KORI, AGDAFNA TAGUI, MOHAMED EL BUJARI, HABUB HAIMUDA, ABDULLAH MOJTAR, BOIDIDI, HAMDI MOHAMED SALEM, MOHAMED MULAY BRAHIM, EL ARBI SALMA ERGUEIBI, JATRI BRAHIM, SID BRAHIM SALAMA, ALI SALEM NAYEM, SALEK SALEH EDDID, MAHMUD MA.ATI (MUTI), DADAH BUDAH SIDAHMED, NAFEI MOHAMED BABEH, ALI MOHAMED SALEM, BAHAHA TALLEB, ALI BRAHIM, BAH MUSTAFA, ALI MOHAMED SALEM B. SALEM, HDEYA DEIFALLA, MULAY LABAT, SALAMU MOHAMED LAMIN, HABUB HAIMUDA LEMGAIMAD, SULEIMAN AHMED RAMDAN, MOHAMED EMBAREK MALAININ, MOHAMED AHMED ALHAJ, HAMDI MUHAMED SALEM ABDAL.LA, HADIA MAHMUD RAMDAN, DADAH BUDAH, KBIRI CHEJ BUJARI, BAHAH SIDAHMED AHMED TAYEB, BRAHIM AHMED (EL BARBERO), AHMED SALEM  MOHAMED ELWALI (BUCHEIBA).

Siempre supuse, que para que un recuerdo sea una senda hacia la eternidad, y no un simple y fugaz instante, se debería haber compartido muy de cerca con alguna de estas almas que nos han dejado en el camino, vivencias, alegrías, lágrimas, risas, penas, inocentadas, peleítas de niños… Ese conjunto de experiencias contiene en su interior un arraigado e intrínseco sentimiento de pertenencia, es un recuerdo profundo e íntimo, es personal. Son momentos a los que soy capaz de honrar, mientras siguen licuándose con mi sangre, entremezclándose en un néctar que me sigue identificando.
Estoy verdaderamente impresionado, después de enterarme de la creación de la: Asociación Dra. Beituha Embarek Maichan, que surgió a raíz de una espontánea iniciativa de un grupo de mujeres saharauis que habían estudiado en Cuba. Durante largos minutos me ha hecho reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos, una realidad liquida que evoluciona y revoluciona. Recordar y rendir tributo a la memoria de todos aquellos y aquellas jóvenes que habían fallecido en Cuba o después, demuestra que nuestra sociedad Saharaui no está «agotada y acabada». Me ha conmovido mucho que esta organización social sin ánimo de lucro que riega de optimismo la idea de hacer el bien allí donde parece imposible.
Y que esta iniciativa, haya nacido del seno de la sociedad civil, y por parte de mujeres, cuyo noble objetivo va encaminado a honrar la memoria de estos chicos y chicas, — y que mejor manera que presentar propuestas y proyectos viables para paliar las condiciones de nuestros compatriotas en los campamentos de refugiados en Tinduf—, esa experiencia, ha empezado a vibrar en los campamentos. Durante el mes de Junio se ha llevado a cabo la primera parte con éxito. La idea es crear microespacios que ayudan a la integración y cohesión social, y mejorar la salud y el bienestar de las personas.
El nombre de la asociación se cerró en un pacto unánime entre las chicas «Saharauis – Cubanas» que forman el grupo. Una lágrima se hizo espuma gruesa en sus gargantas, al escoger el nombre de la difunta doctora: Beituha Embarek Maichan. Aquella chica avispada, estilo bohemio. Tenía veintidós años, una cabellera larga, ojos felinos y un cuerpo largo y ágil. También era aguda e inteligente. Trágicamente, en un accidente de tráfico el día dieciséis de enero de mil novecientos noventa y siete, en  la provincia de Cienfuegos en Cuba,  su vida y su juventud se apagarían  eternamente. La vida es un regalo frágil.
Pese a todo y sorprendentemente, ese grupo de mujeres que han creado esta asociación no han olvidado a esas vidas que se han apagado en el camino. Tienen una intuición pura para interpretar sentimientos, hacen el bien sin ruido, practican la elegancia del silencio. Hoy, en su mayoría convertidas en madres, esposas, y cabezas de familias, y con años sobre la espalda nos hacen quedar con la parte positiva de esta historia, que es que los años también tienen sus ventajas, pues con ellos crecen la confianza y la seguridad y se apacigua el desánimo.
Somos y existimos mientras los demás nos recuerdan y ese, es parte de nuestro débito para con los seres a quienes amamos y que nos han importado.
Barcelona, 02 de julio de 2017.
ABDALAHI SALAMA MACHNAN.