OTRO AÑO DE LUCHA, ¿Estamos avanzando y qué podemos hacer diferente?

En 2018 empezaremos otro año en la lucha de nuestra gente por la autodeterminación y un estado propio. Lo haremos con gran parte de nuestra gente todavía en los campos de refugiados. Lo haremos sin avistar el fin de la ocupación y de la persecución de nuestra gente. Lo haremos confrontando la oposición a nuestra lucha desde el sistema político multilateral y desde países que suponen ser promotores de la democracia y defensores de los derechos humanos. Entre todo esto, una de las cuestiones más importantes que el pueblo Saharaui y su gente se plantean es si realmente estamos avanzando después de tantos años de lucha y sufrimiento, y qué deberíamos hacer diferente para progresar.

Cuando analizamos nuestra situación a la luz de la política mundial, hay que intentar ser el máximo equilibrado y ver tanto los retos como los factores positivos. Como punto de partida, nos encontramos ante un poder que es ciertamente uno de los oponentes más determinados y despiadados que cualquier movimiento de liberación se haya encontrado antes. El poder ocupante es un astuto observador de historia, y ha aprendido muchas lecciones de los errores cometidos en el pasado por otros países que han tratado de frenar la autodeterminación de los pueblos subyugados.

Tristemente, uno de los mayores ejemplos, cuyas estrategias de represión y persecución copia desde cerca, es el Estado de Israel. Esta es la perversión de la historia, un estado musulmán siguiendo la horrenda y violenta política del mismo régimen que persigue y oprime el pueblo palestino a diario. Estrategias y tácticas parecidas son utilizadas para hacer de la vida de los Saharauis una tortura. No podemos dejarnos llevar por ilusiones: el principal objetivo político de Rabat es asegurar la integridad del Reino de Marruecos mediante la prevención de la autodeterminación del Sáhara Occidental a cualquier precio. Este es su principal objetivo a nivel doméstico y a nivel exterior, y todas sus estrategias nacionales están basadas en y desarrolladas de acuerdo con este objetivo.

Analicemos de cerca qué es a lo que nos enfrentamos en el terreno diplomático y en el escenario global. El poder ocupante tiene una estrategia muy sofisticada para promover sus intereses en las estructuras multilaterales de la política mundial. Utiliza su influencia diplomática para colocar a los suyos en las agencias de las Naciones Unidas pertinentes para evitar que el Sáhara Occidental sea uno de los puntos de la agenda, para evitar que representantes Saharauis participen en los debates, para contrarrestar los esfuerzos del pueblo Saharaui para transmitir su mensaje. El poder ocupante utiliza de manera cautelosa el poder del dinero para financiar ciertas instituciones de la ONU, logrando así “capturarlas” y utilizar ese presupuesto como mecanismo de presión para evitar que estas instituciones traten el sufrimiento del Sáhara Occidental. Los candidatos para altas posiciones en las estructuras de la ONU están cautelosamente meditadas por Rabat de acuerdo con su apoyo o oposición a la autodeterminación Saharaui. De este modo Marruecos ejerce su influencia en la Asamblea General, el Consejo de Derechos Humanos, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU por los Refugiados y sus Secretariados para evitar que reciban diplomáticos Saharauis, limitar su derecho a intervenir, asegurarse que los emails e invitaciones “se pierden”, y evitar que estos cuerpos hagan su trabajo de acuerdo con los términos de las resoluciones de la ONU sobre la autodeterminación del Sáhara. Es bien conocido, por ejemplo, que Marruecos contribuye a la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos con más de 1 millón de dólares americanos, con el entendido que el tema del Sáhara Occidental no tome demasiada importancia.

El poder ocupante tiene también estrategias muy sofisticadas para gestionar sus relaciones con los principales poderes mundiales. Hace contribuciones económicas a muchos periódicos, institutos de investigación de política exterior, y organizaciones de la sociedad civil en países occidentales para garantizar que estos repitan su propaganda anti Saharaui. En los Estados Unidos, por ejemplo, el Centro Marroquí-Americano tenía como uno de sus objetivos estratégicos influir en la agenda de la Administración de Obama para apoyar su visión del Sáhara Occidental. Esta fue una estrategia exitosa si miramos de cerca a las intervenciones del Departamento de Estado en el pasado, diciendo que era una “política arraigada de los Estados Unidos la de apoyar una solución basada en la autonomía bajo la soberanía de Marruecos”. Tristemente, el poder ocupante ha tenido mucho éxito utilizando organizaciones como el Comité Americano Judío y la Alianza Nacional Sefardí para presionar contra la autodeterminación Saharaui, y es bien conocido que el Consejo de Comunidades Judías de Marruecos tiene un papel importante en estas relaciones con la sociedad civil de los Estados Unidos. Una mirada a las comunicaciones entre estas organizaciones revela una campaña de propaganda llena de mentiras, distorsiones y manipulación de hechos que sorprende por su sofisticación y alcance.

Desafortunadamente, el poder ocupante ha tenido mucho éxito en los pasados dos años en su trabajo en el continente africano para evitar la autodeterminación Saharaui. Muchos países que antes eran fuertes partidarios de la determinación del Sáhara ahora se han dejado persuadir por ofertas de dinero e inversión para cambiar sus posiciones, dar la espalda al sufrimiento del pueblo Saharaui y acomodarse con el opresor. Esto incluyó comprar votos para ser admitido en la Unión Africana. No debemos perder de vista que el poder ocupante tiene dos objetivos estratégicos en la UA: el primero es evitar la autodeterminación del Sáhara, y utilizar todos y cualquier medios para ello. El segundo es ganarse a su mayor sponsor Europeo, Francia, influyendo, manipulando y subvirtiendo el trabajo de la Unión Africana para servir a los intereses del antiguo poder colonial. No satisfecho utilizando laFrancofonía para lograr esto, el poder ocupante está trabajando duro para influir en los países del Este y el Sur de África también. El resultado de todo esto será una Unión Africana dividida, debilitada, y en último lugar, inefectiva.

Además de los esfuerzos multilaterales, el poder ocupante tiene una sofisticada estrategia para cada región del mundo. Tiene un Plan de Acción para América Latina, por ejemplo, que diseña la estructura y actividades de lo que llaman “separatistas” en cada país de la región. Sigue las iniciativas y actividades de la diplomacia Saharaui en cada país y planea contra-estrategias para bloquear nuestros esfuerzos para avanzar en nuestra causa. Como resultado, muchos estados fraternales y antiguos movimientos de liberación ahora en el poder en esa región están bajo la constante presión del poder ocupante para debilitar su cometido para y con la autodeterminación Saharaui. Este enfoque es copiado para cada región del mundo, con el poder ocupante identificando simpatizantes en política, diplomacia y sociedad civil para trabajar en la oposición de la autodeterminación Saharaui.

También tenemos que tener en cuenta claramente que las políticas del poder ocupante en el Sáhara Occidental se basan en el control, la opresión, el “divide y vencerás”, constantes abusos de derechos humanos, acciones punitivas contra nuestros líderes y activistas, infiltración en nuestro movimiento y simpatizantes, promoción de una narrativa alternativa de los llamados “marroquíes Saharauis”, y críticamente, reasentamientos de la población que cambian las dinámicas de la población en el terreno. El objetivo de todo esto es erosionar el apoyo del pueblo a la autodeterminación para que en el supuesto caso que se celebre un referéndum, tener asegurado que el resultado del referendum es un voto manipulado contra la autodeterminación.

Pero no todo es pesimismo. En los últimos años también ha habido algunos señales positivos. El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, parece tener un buen entendimiento de la lucha Saharaui. La designación del antiguo presidente de Alemania Horst Köhler como su Enviado Personal para el Sáhara Occidental, y de el señor Colin Stewart como su Representante Especial y Jefe de MINURSO quiere decir que ahora tenemos un trío de personas con demostrada experiencia, incluyendo en conseguir la independencia de Timor Leste, que pueden trabajar junto con nuestro gobierno para avanzar en nuestra causa. Esto también quiere decir que tenemos posiblemente la mejor oportunidad en muchos años para empezar a hacer un progreso tangible en avanzar por el referendum para la autodeterminación. Podemos esperar una reacción por parte del poder ocupante, quién utilizará todos sus medios y maquinaria para bloquear y contrarrestar estos esfuerzos, y tendremos que movilizar el máximo apoyo internacional posible para asegurarnos que el trío Guterres-Köhler-Stewars es capaz de mover el proceso adelante e insuflar vida a nuestras más profundas esperanzas.

Ante este escenario, ¿qué deberían hacer nuestros líderes políticos, diplomáticos y activistas cuando se reúnan en diciembre de 2018 para decidir nuestras actividades para el próximo año? Sería útil para ellos primero entender el número de posibles escenarios en cuanto cómo se van a desplegar nuestros esfuerzos en los próximos 5 años. Estos escenarios pueden incluir uno en que logremos obtener nuestro referéndum, un segundo sería obviamente que no logremos conseguir en referéndum, y un tercero sería, de manera muy importante, qué acciones deberíamos tomar en cada caso para avanzar en nuestra causa. Nuestros líderes tienen que trazar un plan completo para que nos lleve al escenario deseado. Esto debería incluir con quién debemos trabajar, y a quién tenemos que argumentar. Por ejemplo, sería importante para nosotros trabajar de manera más cercana con los antiguos movimientos de liberación que nos apoya fuertemente, y deberíamos también pensar cómo podemos llegar enérgicamente a los países nórdicos, que tienen una larga historia de apoyar las luchas de liberación en África.

Por último, nuestro liderazgo tiene que tomar nota del hecho que especialmente entre los jóvenes Saharauis, el deseo de autodeterminación les hierve con fuerza, y que hay pocas ganas de un enfoque que es negocio-como-siempre y no logra un progreso claro. Tenemos que posicionarnos para sacar provecho de las oportunidades que tenemos en este momento, tener una estrategia clara para avanzar en nuestra lucha, y asegurarnos que se cumplen las expectaciones de nuestra gente, que lleva ya mucho tiempo sufriendo.

Mahmoud Haimad
seguidor de los asuntos diplomaticos del Sahara Occidental