“MI SÁHARA EN MADRID”

Dr Hassan Sbai

Era la primera vez que participaba en esta manifestación de solidaridad con mi pueblo, aunque siempre las he tenido presentes desde mi espíritu y alma.
Puesto que mi mamá, que en paz descanse, me lo transmitía en la forma que ella lo sentía y vivía, como símbolo de solidaridad del pueblo español hacia el Sáhara Occidental.
Ella, como muchas de nuestras madres, vivieron desde un principio toda esta injusticia: la separación de nuestras familias, la explotación de nuestros recursos naturales y la invasión de sus propios hogares.
Hoy, y aquí, es una oportunidad que une todas estas razones que llevamos viviendo a través de nuestros abuelos, padres, tíos…y ahora hijos, con la esperanza de que nuestra voz no sea silenciada.
Recordarle al gobierno español, su responsabilidad histórica en el proceso de la descolonización incompleta, de la última colonia africana. Y exigirles que deje de utilizar a los saharauis como moneda de cambio frente al chantaje del ocupante marroquí, que lleva 43 años invadiendo mi país y provocando un largo sufrimiento a todos los saharauis.
Por otra parte, sentir la gratitud de la gente solidaria cuando caminaba…iba respirando esa fuerza de todos/as y cada uno/a de ellos/as, éramos un sólo corazón latente. Como si además de reclamar con voces y banderas, se formase una linda banda sonora y coreografía de todos nosotros.
Todos somos uno, todos por una misma razón y llegados desde puntos diferentes. Atravesando mares, largas horas de coche y otros medios de transportes, pero todos en una misma dirección. Contando con la ayuda de asociaciones, que hasta el día de hoy nos siguen apoyando. Familias enteras españolas, que apoyan la causa y como no, “NOSOTROS Y NOSOTRAS”, los dolientes de todo este martirio vivido.
Mientras caminaba, se me quedó grabado un momento en la memoria: al ver pasar una familia española con su hija pequeña, en su carrito, tapada con la bandera saharaui. No pude contener mi emoción, mi corazón latía con tanta fuerza… Esa pequeña me hizo recordar a mis niños de los campamentos, sus voces también estaban ahí, en esta niña, era la clave de un sueño posible.
Hubo también momentos en los que me invadió la tristeza, como ver tantos jóvenes, que como en mi caso, tuvimos que salir de nuestro refugio. Todos ellos y ellas,con formación y estudios (profesores, periodistas, médicos, enfermeros, ingenieros, combatientes, escritores, cantantes, deportistas, abogados,etc.). Hombres y mujeres que en un día como este nos unimos para defender el derecho de nuestro pueblo.
Un momento de nostalgia fue cuando mis compañeros médicos y yo, recordamos aquellas guardias…sin medicamentos, otras, sin luz, ni medios de diagnóstico…y tantas vidas salvadas,con el ingenio de personas humildes.
Ha habido lágrimas, risas y también momentos de tensión, cuando uno de nuestros dirigentes me saludó con actitud mediocre de un político. Acusándome de haber abandonado los campamentos, a lo que yo le respondí«yo no voy todas las noches a una casa en Tinduf, ni mi familia tiene vacaciones en España o Argel. Nuestras familias viven en casa de barro y jaimas, sin la seguridad de que la lluvia no puedan echarlas abajo. Nuestro pueblo soberano, es la hamada mientras tú y tu familia tenéis seguros médicos en Europa. En el hospital en el que yo trabajé durante cinco años, hay pacientes refugiados que mueren por no tener oxígeno para respirar».
En ese instante, yo había sido víctima de un chantaje emocional por uno de nuestros dirigentes, y me acordé del gran dicho que en Cuba se utiliza: “La bomba retumba y rezonga lo mismo que la conga, te mueve los pies, la masa todo lo rebasa, cultura en la cabeza, en la panza viste”.
Me sentí indignado al escuchar estas declaraciones difamatorias, respiré…y proseguí la marcha.
Más tarde, lo reflexioné con un joven diplomático, y este me dijo:
“Con este tipo de personas nuestro pueblo no avanza, no tienen moral ni vergüenza. Lo miré con cara de seriedad y le contesté, que de la generación que se graduó en los 80 , ya no hay nadie en los campamentos. Me imagino que en la mía tampoco, debido a la irresponsabilidad y la mala gestión de algunos políticos que dirigen nuestro país.
Continué… absorviendo cada buena energía de los y las caminantes, y dejé al lado este traspié. De pronto, vi una mujer sosteniendo una jaima…Todos mis pensamientos me transportaron a mi Sáhara. Me hizo recordar la resistencia por ellas, las mujeres, como clave de un pueblo beduino, señal imborrable de este pueblo, que sus enemigos lo han desestimado. Hoy es un Estado, en medio de la nada y con una identidad propia, que es el reflejo de la resistencia pacífica, más allá de la inmensidad del desierto.
Con lo que me quedo de este recorrido de hoy, es con todos esos ancianos, jóvenes, niños y niñas saharauis, que no abandonan la causa. Aquí estaba el ejemplo, todos están presentes cada año en esta manifestación, con ese mar de banderas, donde sentí de verdad un rincón de mi Sáhara en Madrid. Viendo a gente que dieron toda su vida por la causa, y que no necesitan una luz o señal de Rabuni, para que muevan sus sentimientos, hacia la gran patria.
Esas son las verdaderas almas de “mi Sáhara en Madrid”.