Territorios liberados, territorios de ambiente sosegado y primaveral

Abdurrahaman Budda
A finales del año 1975, el ejército marroquí y tropas Dadahistas invadieron al territorio del Saguia El Hamra y rio de Oro, asesinaron a miles de personas inocentes, destruyeron a ciudades enteras, envenenaron a muchos pozos, incendiaron centenares de jaimas y mataron a decenas de rebaños. Los guerrilleros saharauis enfrentaron heroicamente a los dos ejércitos armados con la última tecnología de la industria militar.
En 1978, la República Islámica de Mauritania firmo un acuerdo de paz con el Frente Polisario y reconoció a la república saharaui. Los combatientes saharauis concentraron su fuego sobre los batallones del ejército marroquí, al que le causaron miles de víctimas humanas y destruyeron un enorme arsenal bélico. Marruecos al sentir la derrota de su ejército en el campo de batalla, junto a sus aliados occidentales, ideo la estrategia de los muros defensivos (1980-1987).
Con la edificación del sistema de los muros defensivos, el Sahara Occidental quedo dividido en dos regiones: territorios ocupados y zonas liberadas
Las zonas liberadas abarcan la tercera parte del territorio saharaui y sus poblados más importantes son: Tifariti, Bir Lehlu, Buer Tiguisit, Mijek, Aguinit, Emheris y Zug.
La estrategia militar de los muros defensivos no logro detener los sorpresivos y exitosos ataques del ejército saharaui que continuaron más allá de esta línea defensiva, incluso en el propio territorio marroquí. Marruecos derrotado en el campo de batalla solicito un plan de paz que entro en vigor en el año 1991.
El año 2018 fue un año bueno para los saharauis, la lluvia rego la tierra sedienta de los territorios liberados, la mayoría de los habitantes de los campamentos de refugiados habían decidido visitar las ciudades liberadas y gozar de su ambiente dulce y agradable.
Junto a mi familia hemos cargado nuestras pertenencias y hemos emprendido el camino hacia el este, al cabo de unas horas nos detuvimos en una larga hilera de automóviles en espera del chequeo de nuestros documentos por el puesto fronterizo argelino. Al cruzar el control militar, nuestro Nissan Patrol, todoterreno prosiguió su marcha por un camino polvoriento. La querida tierra del Sahara se extendía ante nuestros ojos, primero cruzamos Wad Sabti, luego Wad Chadmia, Um Ligta, Ben Amera, Edalha, Wad Laauch Alguibli, Wad Laauach Attali, Limuelhiyin, Udai Naser, Afraichat, Wad Al Abd, Udai Emrikba y nos detuvimos en Bir Lehlu.
En todos estos ríos las yerbas, arbustos y árboles poblaban el terreno, las jaimas y rebaños llenaban la vista.
Al linde de Wad Bir Lehlu se detuvo nuestro vehículo y levantamos nuestra jaima, las tres cabras que transportábamos corrieron para mordisquear la yerba verde y fresca, los niños chillaron y desaparecieron rio abajo rebosantes de alegría. Dos mujeres y un hombre aparecieron avanzando hacia nuestra jaima conduciendo una oveja, nos dieron el bien venido y nos comunicaron que eran nuestros vecinos más cercanos, ofreciéndonos la oveja como un gesto de hospitalidad que caracteriza a toda la sociedad saharaui.
Aquella noche encendimos el fuego en un gran brasero, preparamos te y comimos carne asada y arroz.
En medio de la noche desperté, salí de la jaima, la luna proyectaba sus rayos sobre el rio, en la blanca arena se marcaban huellas de lagartos, lagartijas, pájaros, camellos, cabras y otros animales. Reinaba una infinita quietud interrumpida por unos lejanos balidos de una cabra.
El dia siguiente Salí a dar un paseo por la localidad, visite al pozo, la escuela, el hospital, la mezquita, el centro comercial, y entre en una casa donde se sentaban varias personas preparando el té. Salude y me senté, estaban charlando sobre los precios de los productos alimenticios, el combustible, las reservas de agua y el estado de los pastos. Políticamente, comentaban el tenebroso acuerdo pesquero entre la Unión Europea y Marruecos, las posiciones venenosas de España y Francia, la mesa redonda y las declaraciones valientes y sinceras del señor John Bolton.
Compre unos kilos de carne y volví a la jaima de mi familia, mientras atravesaba el rio hacia la otra orilla, me sentí enormemente feliz al saber que estoy caminando en mi tierra y que nadie me miraría como un extranjero.
Al llegar a mi hogar encontré mi padre con varios ancianos preparando el té, tenían los brazos extendidos hacia adelante y las manos juntadas, el más anciano de los reunidos murmuraba: oh, Dios , tú que nos hiciste reunirnos en esta jaima sin cita previa, tú que creaste el cielo , el mar y la tierra, ordena el fin de esta guerra, al reencuentro de todos los saharauis dispersos por el mundo e elimina el rencor y el odio de los corazones de los musulmanes de todo el universo.

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