¿Quién frustró el proyecto de referéndum para el pueblo del Sahara Occidental?

-En 1968, los saharauis iniciaron bajo el liderazgo de Sidi Brahim Basiri su trayectoria revolucionaria para la liberación del territorio del Sahara Occidental. En 1970 tomaron las calles capitalinas clamando por el fin de la tenebrosa era colonial.
El 10 de mayo de 1973 se fundó el Frente Polisario, veinte días después se inició la lucha armada contra el colonialismo español, la primera acción militar, fue la batalla del Janga, a esta la siguieron muchas batallas, entre las cuales están: Budher, zona de Amgala, 30/5/1973 es atacada una patrulla de la policía territorial. El 8 de marzo 1974 en Hasi Matala, un cabo muere y un policía es herido, en esta batalla cayó Bachir Lehlaui, primer mártir de la revolución saharaui. También fue atacado el puesto de Hausa 1/7/1974, etc.
El 20 de agosto de 1974, gracias a todos estos sacrificios del pueblo saharaui por su independencia, España tomó la decisión de realizar un referéndum en los primeros seis meses de 1975, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, tal y como se había determinado en la Resolución 2229 (XXI). A raíz de ello, se realizó un censo de la población saharaui. Marruecos, en vez de ayudar a sus vecinos del sur, tomó algunas medidas para evitar la elaboración de dicho referéndum que otorgaría a los saharauis su propio estado independiente.
En septiembre de 1974, el gobierno marroquí anunció que acudiría al Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) en su jurisdicción consultiva. Esta acción hostil llevó a retrasar el referéndum. Con este paso el estado marroquí buscaba un pronunciamiento del TIJ, sobre el estatus jurídico del territorio del Sáhara Occidental antes de la colonización reivindicando que sería parte del imperio alauita.
A través de la Resolución 3292 (XXIX) del 13 de septiembre de 1974, la Asamblea General, aceptó la solicitud marroquí de acudir a la Corte Internacional de Justicia en busca de la respuesta a los siguientes interrogantes: ¿Era el Sáhara occidental en el momento de su colonización por España un territorio sin dueño (terranullius ), y si la respuesta fuese negativa, ¿Qué vínculos jurídicos existían entre ambos territorios y Marruecos; asimismo, demandó el aplazamiento del referéndum y el envío de una misión de observación al territorio. A través de la mencionada resolución, la Asamblea General de Naciones Unidas decidió enviar en primavera del mismo año una Misión Visitadora al territorio para determinar la situación del territorio y el sentimiento de la población local. Esa visita de la misión de Naciones Unidas llego al territorio el 12 de mayo de 1975. Los saharauis salieron a las calles manifestando el apoyo al Frente Polisario y el enérgico rechazo del colonialismo español, asi como a las pretensiones anexionistas de algunos países vecinos.
El dictamen del TIJ se dio a conocer en 16 de octubre de 1975. En él se reconoció que el Sáhara Occidental no era tierra de nadie ( terranullius ) antes de la colonización, se mencionaba la existencia de lazos de sumisión religiosa establecidos entre algunas tribus nómadas, con el sultán de Marruecos pero rechazó la existencia de vínculos de soberanía. Por lo tanto, se negaba el derecho de la soberanía de Marruecos y Mauritania sobre el Sáhara Occidental.
Pocos días después de dicho dictamen el 6 de noviembre de 1975 las autoridades marroquíes llevaron a cabo la llamada Marcha Verde y la invasión militar del territorio saharaui privando la nación saharaui de un referéndum de autodeterminación.
El ejército guerrillero saharaui comenzó una guerra sin tregua con el ejército marroquí y las tropas de Wuld Dadah, El ataque a la capital mauritana el 8 y 9 de junio de 1976 y los combates contra las tropas marroquíes, caracterizados por grandes y prolongadas batallas tanto en el Sahara Occidental (Guelta, Smara, Bir Enzaran, Mahbes, Tifarirti,Um Drus, Wad Binaser, etc.) como en el interior de Marruecos (la fortaleza marroquí de Tantan seguida de la caída en octubre de la base de blindados de Lebairat, Lemseyid, Ras el Janfra y el histórico bloqueo militar de Zak donde regimientos enteros de las Fuerzas Reales Marroquies estaban a punto de rendirse si no fuese por la intervención de amigos del Polisario para su finalización) . Poco después Marruecos lanzó una contraofensiva (Operación Iman), comandada por el General Dleimi al frente de tres grandes unidades mecanizadas (Zalaka, Uhuud, y Badir), todas estas fortificaciones militares fueron totalmente destruidas por los guerrilleros saharauis. Ante todas estas derrotas, Marruecos asesorado por potencias occidentales y financiados por países árabes del Golfo, procedió a la construcción por etapas de un muro defensivo de una extensión de 2.720 kilómetros, hecho de terraplenes de arena y piedra de dos a tres metros de altura, rodeado de 25 millones de minas, con búnkeres, alambradas y flanqueado de una sofisticada red de vigilancia electrónica para proteger a sus posiciones y tropas de 120 a 180 mil soldados. Estos muros fueron destruidos y las batallas prosiguieron, principalmente en: Zmul Niran, Hausa, Haidiyat, Tichla, Um Ligta etc.
Marruecos llego a la a la conclusión de la imposibilidad de una victoria militar y empezó a atender a los continuos llamamientos de la comunidad internacional para resolver el conflicto por la vía política.
El 30 de agosto de 1988, el Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuellar, lograba, sin embargo, un primer avance al obtener de las dos partes su “aceptación de principio” a un proyecto de plan de paz para la celebración de un referéndum de autodeterminación en el Territorio. En la primera semana de enero de 1989. Este plan iniciaría su marcha el 6 de septiembre de 1991, con (a) un despliegue parcial en el Sahara Occidental de personal civil y militar de la MINURSO integrado por efectivos pertenecientes a mas de 50 nacionalidades, entre ellas y por primera vez las de los cinco países miembros permanentes del Consejo de seguridad, (b) la entrada en vigor, el mismo 6 de septiembre de 1991, del alto el fuego, y (c) el inicio de la identificación de los potenciales votantes sobre la base del último censo realizado en el territorio por las autoridades españolas en 1974. El Secretario General y el Consejo de Seguridad fijaron para la celebración del referéndum del pueblo saharaui una fecha situada no más allá de febrero de 1992.Marruecos creó enormes obstáculos mostrando su desacuerdo con el listado final de los votantes.
Planes Baker I y Baker II
Ante el estancamiento del proceso de paz y con el apoyo del Consejo de Seguridad, James Baker, enviado especial de la uno para el Sahara, planteó una reforma del Acuerdo Marco, que fue presentada por el Secretario General ante el Consejo de Seguridad en su informe S/2003/565 de 23 de mayo de 2003, es el Plan de Paz para la libre determinación del pueblo del Sahara Occidental, denominado informalmente como Plan Baker II. Este plan consiste en una autonomía del territorio saharaui durante cinco años seguida por un referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui. El Frente Polisario en aras de sus buenas intenciones de paz acepto este plan, marruecos lo rechazó, solo le interesaba una solución que le permitía seguir ocupando la tierra del Sahara Occidental.

En 2007, Marruecos presentó al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, su propuesta de autonomía regional para el Sáhara Occidental. De esta manera pegó el tiro de gracia al proyecto de paz que el mismo se comprometió a respetar, de este proyecto de paz solo le importaban dos cosas: el cese de fuego y el intercambio de prisioneros.
James Baker presentó su renuncia y se retiró de la mediación honesta al que le encargó la comunidad internacional, no acepto sobornos ni cedió a chantajes y presiones, al darse cuenta de la imposibilidad de cumplir con su misión debido a los obstáculos de Marruecos y algunas potencias del Consejo de Seguridad.
En este marco es esencial recordar las declaraciones y testimonios de personalidades de gran prestigio mundial, principalmente diplomáticos americanos, entre los cuales destacamos:
John Bolton, ex representante Permanente de EE.UU. ante la ONU y Consejero de Seguridad Nacional de la administración Donald Trump, junto a James Baker, fueron los ingenieros del plan de paz para el Sahara Occidental, quien critico el estancamiento de proceso de paz y se mostro partidario de un referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui, cuando expreso:
“cómo se puede justificar” que se siga prorrogando la misión de paz de Naciones Unidas (MINURSO). Y añadio
“Todo lo que queríamos era celebrar un referéndum para 70.000 votantes, (pero) 27 años después, el estatus del territorio sigue sin estar resuelto”,
También se destaca la intervención de Frank Ruddy, embajador retirado de los EEUU, en la Conferencia Internacional sobre Multilateralismo y derecho Internacional en relación con el Sáhara Occidental, celebrada en Pretoria los días 4 y 5 de diciembre de 2008.
Mi primera experiencia en la ONU fue como el guión de una película de Woody Allen. Fui contratado por Sahabzada Yaqub Khan, un destacado político paquistaní que era entonces el representante del Secretario General Boutros-Ghali para el Sáhara Occidental. Me recordaba a Nigel Bruce, ese buen actor de los viejos tiempos especializado en interpretar al Dr. Watson en las películas de Sherlock Holmes, un poco pesado y excéntrico a veces, como supongo lo son muchos hombres de iguales méritos. Recuerdo muy bien cómo contaba Erik Jensen la visita de Yaqub Khan al Sáhara Occidental. Cuando vio la gran bandera que ondeaba en la fachada del despacho de Jensen, que estaba por aquel entonces al frente de la MINURSO, le preguntó: “¿Por qué tienes izada la bandera israelí?” Por supuesto que la bandera no era israelí, sino marroquí. Ambas banderas tienen una gran estrella en el centro y, en fin, nadie es perfecto.
Erik Jensen tenía muchas anécdotas como ésta y las contaba de maravilla. Era un gran imitador de Boutros-Ghali, entre otros, y en general una compañía muy amena, una versión viva de Bertie Wooster, el inglés tontuelo de Wodehouse, con sus polainas y su monóculo. Jensen era un caballero, sin polainas ni monóculo, y, desgraciadamente, no estaba a la altura del oficial marroquí de enlace con la MINURSO, Mohamed Azmi, un matón que hacía cumplir la voluntad del rey Hasán en el Sáhara Occidental. Azmi era la viva encarnación del capitán Segura de Graham Greene en Nuestro hombre en La Habana,encantador de día y despiadado cuando caía la noche y corría el Johnnie Walker Black. No obstante, era un tipo que observaba escrupulosamente los preceptos de su religión: nunca se iba de juerga antes de las 9 de la noche durante el Ramadán. Pero el personaje más perturbador de esta obra teatral era el Secretario General de Naciones Unidas, Boutros Boutros-Ghali. Era íntimo amigo del rey Hasán y esa condición debería haberle hecho renunciar a tomar parte en el asunto del Sáhara Occidental. El desmesurado ego de Boutros-Ghali y sus errores garrafales propiciaron su destitución como Secretario General, algo inaudito en la historia de la ONU, en la que casi todo, desde la malversación de fondos hasta la exigencia de favores sexuales a los subordinados, era considerado como un desliz sin importancia. También era culpable de lo que Winston Churchill llamaba “inexactitud terminológica” y ustedes y yo llamaríamos cuentos chinos. Recuerdo haber leído en un periódico de Washington el relato de su visita al Sáhara Occidental. Decía que había tardado 4 o 5 días en comprender la complejidad de las posiciones rivales de Marruecos y el Frente Polisario. De hecho -y lo sé porque yo también estaba allí-, pasó un solo día en el Sáhara Occidental, y la mitad de ese tiempo comiendo cuscús con los marroquíes.
Estas historias habrían proporcionado un gran tema de conversación si las cosas hubieran salido de otro modo. Mi trabajo en la MINURSO era llevar a cabo un referéndum sobre el futuro del Sáhara Occidental, una de las razones por las que fue creada la MINURSO; pero estos mismos personajes irrisorios convirtieron ese referéndum en una tragedia, una tragedia enormemente costosa para el pueblo saharaui.
Expuse ante el Congreso de los Estados Unidos, en testimonio documentado, mi experiencia en la MINURSO. Y pude hacerlo gracias al hoy difunto Chuck Lichenstein, antiguo embajador de los Estados Unidos ante la ONU y viceembajador de la embajadora Kirkpatrick. Pese a su proximidad a la ONU, o quizás precisamente por ello, no era un gran entusiasta de esta Institución. Fue él quien, después de que los soviéticos derribaran impunemente un avión coreano de pasajeros en 1983, dijo: “Si los miembros de las Naciones Unidas han llegado a la sensata conclusión de que no son bienvenidos ni tratados con la amistosa consideración que merecen, Estados Unidos anima encarecidamente a los Estados miembros a que se planteen seriamente abandonar -y que esta Organización abandone- la tierra de los Estados Unidos. No pondremos obstáculo alguno en su camino, y les diremos adiós con la mano desde el puerto mientras se alejan hacia el ocaso”. Pero fue precisamente Chuck quien, escandalizado por los actos de la ONU en el Sáhara Occidental, vergonzosos incluso para los principios de la ONU, consideró que mi relato debía conocerse públicamente. Y me cedió su puesto para que pudiera dirigirme al Comité del Congreso aquel día.
Redacté a toda prisa mi testimonio, que fue breve. Dije, en pocas palabras, que el referéndum había tenido graves problemas desde el principio. Inexplicablemente, Erik Jensen había decidido permitir a las propias partes en contienda procesar solicitudes para votar en el referéndum. Como resultado de ello, los marroquíes pudieron privar del derecho al voto a un gran número de votantes saharauis. Los centros del Polisario en Argelia no tuvieron el mismo problema, pues todos los solicitantes apoyaban al Frente Polisario: no había a quién privar del derecho al voto.
El referéndum continuó su caída en picado una vez comenzado el proceso de las solicitudes. En el Sáhara Occidental, muchos saharauis, aterrados, nos pedían que les vigiláramos, pero discretamente, porque cualquier contacto manifiesto con la ONU podría hacer que se convirtieran en “desaparecidos”. Manifesté en aquella ocasión que la situación me recordaba a este país, Sudáfrica, durante el apartheid, cuando podía encontrarme con los negros y hablar con ellos con toda libertad en la seguridad de la embajada de Estados Unidos, pero esos mismos negros hacían como si no me conocieran si me los encontraba en público, ya que temían represalias si se les veía hablando con un funcionario extranjero. Y sus temores eran absolutamente razonables. ¡Ah sí!, me olvidaba mencionarlo: Bajo la ocupación marroquí, el Sáhara Occidental era y es un Estado policial.
Hubo retrasos y más retrasos. En una ocasión, como si se tratara de una farsa francesa, el referéndum se retrasó durante dos semanas -lo que suponía un coste de 100.000 dólares al día- porque Marruecos provocó un intercambio de cartas formales discutiendo si un adverbio que se utilizaba en un anuncio sobre el referéndum era o no el más apropiado.
Además de los interminables retrasos, hubo infiltración de las Fuerzas de Seguridad marroquíes, que fotografiaron a todos los saharauis en el proceso de identificación, pusieron escuchas en todas las líneas telefónicas internacionales en la MINURSO y fuera de ella y, en una palabra, Marruecos pasó a controlar lo que debía ser una operación de las Naciones Unidas. Las facultades de Erik Jensen para la comedia no iban acompañadas de la respetabilidad suficiente —digámoslo así por no utilizar una palabra más fuerte— para enfrentarse a un matón como Azmi. Para completar este cuadro, al final de mi estancia en la MINURSO elaboraba mis informes simultáneamente para Erik Jensen y para Mohamed Azmi. Así que incluso el barniz de misión independiente de la ONU había desaparecido por aquel entonces.
Resultó que lo que yo creía haber descubierto por mi cuenta era vox populi. Como publicó el periodista del New York Times Chris Hedges en ese periódico, a los diplomáticos extranjeros destinados en Rabat les divertía el descaro de Marruecos, pero ninguno de los observadores de Marruecos estaba realmente sorprendido. El responsable político de la embajada estadounidense sabía lo que estaba sucediendo en la MINURSO; y otro funcionario de la MINURSO, como la embajadora de la ONU Albright, licenciada en Wellesley, informó personalmente al equipo del embajador de que Marruecos estaba convirtiendo el referéndum en una farsa. Un funcionario de los servicios de Inteligencia me preguntó, el 4 de julio de ese verano: “¿Por qué la MINURSO tiene esa [pitido] debilidad que permite a Marruecos dominar el referéndum?” Incluso Human Rights Watch pudo redactar un documento de 44 páginas sobre las violaciones por parte de Marruecos de los derechos de los saharauis, porque parecía que todo el mundo sabía lo que estaba pasando en la MINURSO.
La Misión Internacional para el Referéndum en el Sahara Occidental (MINURSO), después de veinte años de vida inútil y un enorme presupuesto que supera, varias veces, el destinado para los miles de refugiados saharauis, el cual podría haber sido destinado a millones de desdichados afectados por la escasez de alimentos en distintas partes del planeta. La misión de paz para el Sahara Occidental no puede continuar su presencia eternamente sin avances en la misión, para la cual se había creado consistente en: la organización de un referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui, de lo contrario, esta situación podría perturbar la seguridad y la estabilidad de todos los países Magrebíes y las naciones de la ribera norte del Mar Mediterráneo.
Abdurrahamán Budda

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