El tribalismo y el racismo

El tribalismo es una estructura social y un fenómeno cultural donde los individuos crean organizaciones con las que se identifican para sentir-se protegidos/es y representados/as. A pesar que, actualmente, se habla también de tribus urbanas en muchos países: personas, colectivos y organizaciones que se agrupan por intereses comunes; el tribalismo clásico se basa generalmente en una identidad consanguínea, caracterizada por la endogamia y la defensa feroz e irracional de sus intereses, tengan o no razón. Generalmente las tribus se dividen en grupos y subgrupos, donde, a veces, unos se sienten superiores a otros. Esta supremacía se logra y se consolida gracias al número de sus miembros,  las hazañas, el poder económico, social y militar que hayan podido acumular. En este caso podríamos hablar del racismo, una concepción y práctica bastante peligrosa y espinosa, que consiste en rechazar a los otros y sentirse superior a ellos. El tribalismo y el racismo pueden llegar a ser una bomba de destrucción masiva, capaces de generar conflictos y enfrentamientos que destruyen pueblos y sociedades en un tiempo record. Como que son dos fenómenos que se alimentan de la ignorancia y el etnocentrismo, muchas veces violan los derechos humanos y atacan la dignidad de muchos ciudadanos y ciudadanas.

Caber recordar también que el tribalismo tiene una capacidad de movilización social y política muy fuerte y transversal. Muchas veces los gobiernos y los jefes de tribus utilizan ese poder de convocatoria para contrarrestar decisiones de otros poderes del estado o resolver controversias entre los mismos. Generalmente este tipo de prácticas beneficia a unos pocos, genera grietas y heridas en el seno del conjunto de la comunidad. En esta situación, si un Estado no se muestra capaz de ofrecer una alternativa mucho más atractiva, acogedora y democrática que el sistema tribalista, jamás podría tener las manos libres para construir un estado moderno y de derecho.

El tribalismo y el racismo no se pueden combatir o erradicar a través de la opresión o la prohibición, ya que solo se logra silenciarlos o desactivar-los durante una etapa o un periodo de tiempo determinados. La estrategia o metodología más efectivas para minimizar sus efectos es la educación. Es importante tratar de manera eficaz y sin complejos en las instituciones educativas el tema del tribalismo y el racismo: sus orígenes, estereotipos, consecuencias, etc. Hay que explicar con métodos científicos que no existen razas humanas, que tenemos muchas cosas en común, que nadie es superior a los otros por el color de su piel, procedencia, origen, etc. En el caso del Sahara Occidental, para construir una sociedad cohesionada y más democrática, sería necesario, a mi entender, tratar en las escuelas el tema de las tribus, sus características y particularidades, explicando que todas forman parte de nuestra comunidad, que ninguna es superior a las otras, que todos somos de la misma nación, tenemos la misma procedencia, hablamos el mismo dialecto, compartimos y practicamos la misma cultura y religión, y que la historia de nuestros antepasados no debería hipotecar ni determinar nuestro presente y futuro.

Para entender mejor el papel de la escuela en la educación de la ciudadanía y su importancia en la cohesión social y la lucha contra la discriminación, propongo a los lectores y a las lectoras que miren detenidamente en Youtube el video que va desarrolló la profesora norteamericana Janet Elliot: “Ojos azules, ojos marrones”. En el corto vídeo se ve como ella trata el tema de la discriminación, utilizando el color de los ojos. Empezó explicando que las personas con ojos azules son mucho más inteligentes que las que tienen los ojos marrones, llegando a premiarlos y reforzarlos positivamente con diferentes privilegios. En la segunda parte, les dijo que se había equivocado, y que las de ojos marrones son superiores, más inteligentes y limpios que el grupo de alumnos y alumnas que poseen ojos azules. En cada caso se ve como los niños y las niñas de cada grupo experimentan emociones contrarias y se comportan de manera diferente. Finalmente la profesora acaba su actividad diciendo que nadie es mejor ni superior a los otros por su color de ojos y piel, procedencia, religión, etc.

Relacionado con el anterior, Nelson Mandela (1918-2013) dijo: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario”. Aquí Mandela nos quería transmitir que no nacemos tribalistas ni racistas, sólo aprendemos a serlo.

La mayoría de nosotros, los/les saharauis, tenemos el tribalismo muy arraigado i incrustado en nuestro celebro. Hasta el momento existen en nuestro país personas que se sienten orgullosas del el chantaje, el vandalismo y el saqueo que hicieron sus tribus a otras. En esta situación nadie se acuerda de las palabras de Al-lah, todo poderoso i creador del universo, recogidas en el Corán, su libro sagrado, concretamente en Surat Al-Huyurat, verso 12: “¡Oh, Humanos, Os hemos creado de varón y hembra; y os hemos constituido en pueblos y tribus para que os reconozcáis mutuamente.  En verdad, el más honorable de entre vosotros, a la vista de Al-lah, es el más justo de vosotros. Ciertamente Al-lah es Omnipresente, Conocedor de todo”.  Tampoco se acuerdan de los valores democráticos y el principio de igualdad recogido en la Constitución Saharaui. El problema radica en que el tribalismo es una fruta sabrosa de temporada, donde sólo se nutren de sus vitaminas y sales minerales unos pocos privilegiados.

Aprovecho esta ocasión para recordar las palabras del profeta Mahomed: “¡Oh, gente! Vuestro Dios es uno y vuestro ancestro (Adán) es uno. Un árabe no es mejor que un no árabe, y un blanco no es mejor que un negro, excepto por la piedad.” Como sabemos todos, el Profeta encargó a Bilal, un joven negro, el anuncio de las oraciones, un gesto de justicia social que honra su persona y su mensaje. Otros hombres y mujeres que lucharon incansablemente a lo largo de la historia  contra el racismo y la xenofobia; cito: Rosa Parks, Martin Luther King, Rigoberta Menchú o Nelson Mandela, personalidades que llegaron a cambiar el trascurso de la historia en sus respectivos países.

Me gustaría incorporar en mi modesto artículo una frase de Mahatma Gandhi (1869-1948): “Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”. Quizá esta inspiración de  Gandhi sea el mejor punto de partida para cambiar nuestra forma de ver y de actuar; en definitiva, ser cada día mejores personas.

Antes de acabar, invito a todos los/las saharauis a reflexionar sobre los peligros del tribalismo y el racismo, con el objetivo de hacer de nuestra pequeña comunidad una sociedad cohesionada, democrática y justa, donde todos sus miembros, independientemente del color de su piel o pertenencia, tengan las mismas oportunidades de progresar y sentirse útiles y valorados. Cuando un pueblo o un país se siente verdaderamente cohesionado y con un objetivo en común, jamás tiene que tener miedo a la libertad de expresión ni tampoco al tribalismo. Un pueblo formado por tribus no es que sea una cosa negativa, lo tóxico es su utilización en beneficio personal y político.

Chej Mohamed Lehbib Ayad

Diplomado en educación social y licenciado en pedagogía

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