Pautas educativas para educar mejor nuestros hijos e hijas

Chej Mohamed-Lehbib Ayad
(Diplomado en Educación Social y licenciado en Pedagogía)
Como todos y todas sabemos, existen varios contextos importantes que influyen en la educación de nuestros/as hijos e hijas, como ahora son: el macrosistema, el exosistema, el misosistema y el microsistema. En este caso, me gustaría centrarme en el microsistema, concretamente en la familia.
Los padres y las madres son los primeros referentes y los máximos responsables de la educación de sus niños y niñas. Todos y todas intentamos siempre darles la mejor educación en valores, pero, a veces, no lo hacemos de la forma más óptima, ya que eso depende, muchas veces, de nuestras capacidades parentales/marentales, los recursos socioeconómicos, las experiencias personales, etc. Por tanto, tenemos el deber y la obligación de invertir todo el tiempo y los esfuerzos necesarios con el fin de educarlos/as de manera que se conviertan en buenos/as ciudadanos/as.
A continuación trataré de forma superficial algunos elementos que la familia tiene que tener presente a la hora de educar a sus hijos e hijas:
Soporte conductual positivo: Se aplica cuando queremos que nuestros hijos e hijas integren una conducta o que incorporen una nueva. Es importante identificar la conducta que deseamos reforzar, saber qué tipo de refuerzo deseamos realizar, realizarlo de manera inmediata y hacer seguimiento de su evolución. A modo de ejemplo: cuando nuestro/a hijo/a deposite su frasco de zumo en el contenedor correspondiente o regala un juguete suyo a otro/a que lo necesite; hay que aprovechar la ocasión para felicitarlo/a, verbalizándole que es una persona responsable, ecologista, solidaria, buen/a amigo/a, etc. Evidentemente hay que hacerlo con un discurso más atractivo y adaptado a su edad y capacidad. Cuando reforcemos positivamente a los/las niños/as, les estamos lanzando un mensaje potente, le estamos mostrando que su comportamiento nos gusta, y que ellos/as son útiles y buenas personas. Muchos/as progenitores/as no dedican el tiempo necesario a reforzar las cosas buenas que hacen sus niños y niñas, y solo se limitan a recriminar todo aquello que hacen incorrectamente.
Coherencia: Es muy importante establecer un diálogo sincero y permanente entre ambos progenitores/as con el objetivo de construir un discurso consensuado y constructivo, ya que nuestras acciones tiene que ir en la misma dirección que nuestro mensaje verbal. Como que somos su espejo y referentes más próximos, los niños y las niñas se suelen fijar en nosotros para imitarnos y valorar el nivel nuestra coherencia, y muchas veces aprovechan cualquier contradicción para utilizarla en contra nuestra. Nuestra coherencia les ayuda también a ser coherentes. Ejemplo: no debemos decirles que no tenemos dinero para comprarles algún material escolar o combustible para nuestro vehículo para llevarles de excursión si ellos lo deseen, cuando, acto seguido, invertimos muchos recursos innecesarios en dotes o comprar el cordero más grande en Id Eid al-Adha, para luego exponerlo a la vista de todos los habitantes del barrio.
Medidas educativas adecuadas (sanciones o castigos): Cuando los niños y las niñas desarrollen comportamientos disruptivos en casa, en la calle o en la escuela, es muy importante la respuesta de sus padres ante esos hechos; los niños, incluso la esperan. Sería bueno establecer un diálogo con nuestros hijos/as para conocer las causas de sus comportamientos y luego hacerles reflexionar sobre el alcance de las consecuencias de los mismos. Las medidas educativas tienen que ser proporcionales a la gravedad de los comportamientos, y la finalidad tiene que ir encaminada a la reparación del daño y a generar cambios positivos en ellos y ellas. Las normas y los límites tienen que ser claros y asumibles. Sería contraproducente aplicar medidas educativas que no podamos luego cumplir, ya que esa incoherencia podría ser aprovechada por los hijos y las hijas en el futuro para desafiarnos o generarnos dudas sobre nuestra legitimidad, coherencia, autoridad, etc. Por ejemplo: no podemos dejar a nuestro/a hijo/a sin posibilidad de utilizar su móvil todo un día por no utilizarlo según las normas establecidas, y acto seguido se lo devolvemos sin más explicación. Tampoco podemos dejarlo sin móvil toda una semana cuando ha dejado de hacer los deberes una tarde.
En cuanto a las normas, sería aconsejable que los niños participasen en su elaboración para que así las asuman como propias.
Por otro lado, cuando los/las pequeños/as no hacen las cosas bien, no hay que limitarse a recriminarlos/as, es bueno darles una alternativa o invitarlo/as a proponer una, ya que, de esta manera, les damos la oportunidad de participar, de responsabilizarse y de encontrar una actividad mucho más apropiada que la anterior.
Aprovecho para dejar constancia de que los estilos autoritarios, negligentes o indulgentes no favorecen una autoestima positiva en los niños y las niñas. El autoritario les genera miedo, desconcierto, inseguridad, rabia y sentimiento de venganza. El permisivo también es perjudicial, ya que crea en ellos y ellas frustración, inseguridad, falta de disciplina, problemas para controlar sus impulsos, asumir sus responsabilidades, etc. Tienden a ser niños y niñas más alegres y vitales que los que soportan una educación autoritaria, pero poseen menos autocontrol y adaptación social. Los/as progenitores/as que utilizan el estilo permisivo se caracterizan por ser pasivos, inseguros, sin normas, se doblegan enseguida ante los caprichos de sus hijos/as, etc. Podríamos afirmar que el estilo más favorable y apropiado es el democrático.
Asertividad: Es muy importante que los padres y las madres enseñen a sus hijos e hijas desde edades muy tempranas a ser asertivos/as. La asertividad consiste en expresar nuestros pensamientos, necesidades, sentimientos, preocupaciones y derechos de manera honesta, sincera y pacífica, sin ofender o herir los/as demás interlocutores/as. Es bueno prestar atención a los comportamiento de nuestros/as niños y niñas para poder ayudarles a ser asertivos/as. La asertividad es una conducta que se basa en el respecto tanto hacia los demás como hacia a nosotros mismos .
Vínculo afectivo sano: El vinculo afectivo entre los padres y sus hijos/as es un elemento imprescindible y esencial en su educación y desarrollo integral. El vínculo nos ayuda a crear un clima de confianza que favorece, sin duda alguna, el crecimiento sano de los/as niños/as y su aprendizaje. También el vínculo entre padres y escuela es un factor motivador para ellos/as, porque les permite confiar en el profesorado y la institución educativa. Lo que no podemos hacer es exigirles que vayan a escuela cuando nosotros/as, los adultos, hablamos mal de ella o de los/as docentes.
Muchos padres y madres dedican más tiempo a los adultos que a sus hijos/as, un acto injusto y poco constructivo. Los niños también necesitan tener su espacio y tiempo.
Gestión de los conflictos: Los conflictos se pueden gestionar de manera pasiva, agresiva o asertiva. Es bueno enseñar a nuestros hijos e hijas a gestionar los conflictos de manera asertiva. Para eso sería bueno fomentar en ellos la empatía y la escucha activa, con el objetivo de ayudarles a que no resuelvan las controversias de manera agresiva. Eso nos ayuda, en definitiva, a formar personas democrática, responsables y con un alto nivel del pensamiento crítico y bajo nivel de frustración. Los/as progenitores/as pueden aprovechar los momentos de conflictos que se generan entre los/as más pequeños/as de la casa en cualquier espacio o actividad para ayudarles a gestionarlos de manera asertiva y democrática. Muchas veces los padres y las madres, en vez de ayudar a sus hijos/as a resolver sus controversias o conflictos, les motivan a ser agresivos para conseguir sus objetivos.
En conclusión, los padres y las madres son las primeras figuras de apego de sus hijos e hijas, y constituyen los pilares más importantes en su crianza y proceso educativo. De nosotros y nosotras depende el desarrollo de sus potencialidades, capacidades, autonomía personal, creatividad y felicidad. Si queremos formar ciudadanos y ciudadanas responsables, solidarios, comprometedores, democráticos y justos, capaces de afrontar los desafíos de la vida de una manera positiva y constructiva, tenemos que dar un buen ejemplo en todo momento y acompañarlos en su proceso de crecimiento personal. En caso contrario, estaríamos contribuyendo a la formación de personas agresivas, conflictivas, racistas, intolerantes e irresponsables, entre otras muchas cosas.
Antes de concluir este modesto artículo, me gustaría hacer referencia a una frase de Erasmo de Rotterdam (1466 – 1536), filólogo y teólogo holandés: “La principal esperanza de una nación descansa en la educación de su infancia.”

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